Tenía que asistir a aquella convención, era tarde, llevaba un sencillo vestido negro sin mangas con cuello en V. Coloqué esa finísima cadena de oro blanco sobre la mesa y, con un par de agujas, comencé a separar suavemente tirando hacia lados opuestos. Aquellos nidos enredados comenzaron a deshacerse sin aparente esfuerzo, como se consiguen las cosas en las que pones alma y decisión.
Me arrepiento de no haber
abierto la caja de pandora, de no haberte llamado, de no haber desenlazado el nudo
del rencor tirando del hilo del entendimiento.