En pocas palabras: Tú, yo y otros accidentes 📜

Parece que quiere vomitarlo todo, pero que resulte un bello tapiz y que huela bien.
Quizás su próximo festín será a costa del prado de hortensias.
Luchar, por convertir en verdad cada secuencia de guion.
Cuando borra lo que escribe, solo está sacando el espejo de la habitación.
Que impresionantes muros de contención levanta: muro a gravedad, de contención anclado…
tratando de evitar inundaciones que sumerjan lo que le ha llevado años construir, arquitecta por fuerza
mayor. Pero la tempestad no remite y las primeras grietas ya están apareciendo.
Imaginó que era un delfín, se durmió con los dos ojos cerrados,
olvidó respirar, y murió.
Provocar la gota que colma el vaso, por el alivio de dejarlo caer.
Ella no es insegura, únicamente es de autoexigencias desmesuradas.
El perfeccionista inteligente sabe que persigue la utopía.
Estamos condenados a mejorar infinitas veces.
Quizás escribir sea colocar ese par de ladrillos, frente amenaza de derrumbe,
bajo aquel pilar que se te rompió.
Lo que quieres está lejos, tanto como Marte,
tanto como que si vas, ya no te dará tiempo a regresar.
Visualizo el fin de la humanidad como un delirio de mentes generalizado,
preferiría que alguien apretara un botón y todos fletados al espacio.


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A veces soy acorde sin armonía, afíname de oído si eres capaz.
Dirigí el sensor al cielo, guardé exposición y te enfoqué, 
capté como nadie tus sombras y altas luces.
Dime ahora que es solo una foto más, que la guarde en un cajón.
Échame el humo, veremos si me provoca lógico rechazo,
o como pasó por tus pulmones, lo respiro cual aire del Jungfrau.
Alteras inercia y gravedad, me sacas de órbita
y luego el trabajo es mío para volver a entrar.
El otro día soñé que compartíamos objetivo,
tú regulabas la luz, mientras yo ajustaba velocidad de obturación.
Velocidad de escape de la gravedad terrestre: 11,9 km/s.
De ti, la estoy calculando, pero me distraes.
Necesito un giroscopio de última generación,
hay demasiados pasajes de Drake que cruzar para llegar hasta ti.
Soy una camiseta olvidada al fondo de tu armario, igual te la pones para dormir.
No a todo el mundo le gusta subir a un escenario, solo quise por una vez bailar para ti.
Enciendes luces, las apagas, regulas la temperatura, subes persianas, las bajas, saltan alarmas
y parece que todo eso ocurre porque sí. Has convertido mi cuerpo en una casa domótica.


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Le quedan pocos miedos, porque unos cuantos le pasaron ya.
Subir una montaña te hace consciente de que
cada paso es un ángulo distinto desde el que mirar.
Dos personas apuntándose, no sueltan el arma, no disparan,
¿qué temen más, morir o matar?
Hay escritos horizontales y verticales, en los segundos están las escaleras,
para quien las encuentre.
También se puede ser la oveja blanca en un rebaño de ovejas negras.
Y nadie sabrá que lo fuiste.
De pronto su cerebro entra en ebullición, se le desborda la mente y se derrama todo por la vitro,
y aunque son tiempos de show cooking, ella prefiere sacar el plato y que llegue todo bien a la mesa.
Un beso de tomillo, cosas del tipo de letra...
Llamamos error a demasiadas cosas,
los errores necesarios tendrían mucho que decir al respecto.
Miedo a la ausencia de miedo, y a que ya todo te dé igual.
Hace un frío atroz, me voy de excursión a Diómedes menor,
una hipotermia fulminante me impide regresar, y todo lo que hice en Diómedes mayor
sucedió, sin ser ciencia-ficción, un día después de mi muerte.


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¿Acaso cabe el descaro de hipnotizar, 
sin la decencia de hacer despertar?
Ignoro cuánto hubo de casualidad y cuánto de causalidad,
solo sé que a veces respiramos a la vez.
Me pregunto si no podría ser que al corazón lo amarren venas y arterias,
básicamente para que esté más en su sitio.
Soy tu relato corto, en cuanto dejes de leerme
los asuntos del mundo se interpondrán.
Somos muy duros hasta que nos rompen los esquemas,
quizás no hay coraza que resista semejante impacto.
Realmente, no sabes si darle el oro, la plata o el bronce,
por cómo pasa tan olímpicamente de ti.
Un puntito cada día a la misma hora, lo sabías ¿verdad?,
que al cabo de un año le acabarías dibujando el infinito.
Quizás lo más difícil se encuentre cuando es mutuo,
pero en distinta proporción.
Bonita exhibición de esgrima,
tú con una espada, yo con un alfiler. Tocado. Desarme.
Me lleno la boca diciendo que quiero olvidarte,
pero te necesito para olvidar todo lo demás.


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Somos líquido, la vida el envase.
Algunas cosas que suceden borran pedazos de futuro que debemos volver a dibujar.
No hay mayor enigma que una herida de la cual no recuerdas el origen.
Aquello de -ojos que no ven- no funciona para los que miran con otras partes del cuerpo,
comprobado.
Hay nubes que pesan, incluso toneladas, pero son muy consideradas 
y no nos caen encima tal cual, sus gotas van creciendo por turnos y llueve. 
Quisiera un medidor personal de equilibrio hidrostático.
A veces, el mayor acto de rebeldía pasa por que hagas algo sin tu permiso.
El paso mental de víctima a superviviente, ese paso.
Tiempo solar, sidéreo, atómico, luego está el de cada uno y sus circunstancias,
conseguiré un sincronizador realmente eficaz,
para cuando se tenga prisa, o todo lo contrario.
Un pomo a una pared no la convierte en puerta,
¿o sí?
El núcleo de su mundo se detuvo y comenzó a girar hacia el otro lado,
¿quién iba a notar eso?


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¿Crees que porque te quede sal en la piel y aún sientas sus caricias,
el mar recordará tus pisadas en la arena y tu forma de nadar?
Aunque piense más en tus manos, tu voz, sin duda,
debería preservarse dentro de una caracola.
Igual eres demasiado visible para mí,
igual soy demasiado translúcida para ti.
No lo dudes, entre mis valles y tu luz,
podemos crear las más alucinantes perlas de Baily.
Si quieres oír una canción que nunca escuchaste, ven.
Me abroché desparejados los botones de la camisa,
misma camisa, mismas manos.
Sé que puedo hacerlo mejor si me das otra oportunidad.
Los autobuseros se lo tienen que pasar de miedo
cuando nos ven correr hacia ellos.
Si me esperas, ríe lo que quieras, va.
Te sirvo de inspiración, me sirves de inspiración.
Y la expiración, ¿te basta sobre el papel?
He visto una gaviota comiéndose a una paloma justo delante de mí.
Cómete así mi corazón. Con el resto puedo tirar perfectamente.
¿Quién puede ver y oír con claridad? Nuestra mente nos acota los sentidos.
También se la podemos devolver, a ver por dónde nos sale.
Le dije que te olvidé, entendió que me olvidaste.


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Tenemos la mala costumbre de vestirlo todo, para no escandalizar será.
Será que escribir... viste o desnuda.
Hemos conseguido llegar a las palabras puente, pero solo nos sirven para cruzarlo,
cuando el otro no lo hace, y asomarnos a su precipicio.
Desde que te fuiste a veces piensa que debe vivir por las dos,
otras en cambio por ninguna.
No te engañes, ella es caja de papel, que esconde una de madera, a su vez otra de ladrillos,
luego una de metal, extraña matrioska donde habita la de cristal.
Si te lo explico, ya voy tarde, 
pues no es más que un momento congelado, preferiría un abrazo.
Cuando alguien que nos quería ya no está, existimos un poquito menos.
Una nave de la Nasa ha tocado el Sol a 6,1 millones de km de la superficie.
Las coronas, sí, traspasando la barrera crítica de Alfvén, sí.
La de cosas que podría haber tocado yo a esa distancia, y sin saberlo.
Si alguien tirase los tabiques que separan las habitaciones de tu mente,
¿qué sería recuerdo, y qué sería ficción?
Quizás cuando algo ocurre, somos en los demás.
Imposibles disfrazados de ojalá, corren el riesgo de ascender a improbables.


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Pondría las manos en el fuego por ti,
al fin y al cabo, el hielo también quema.
Si son para mí, que no tengan precio tus palabras.
El viento que levantas enreda mi cabello,
más de una esquina he tenido que doblar para poder detenerlo.
La luz es evocadora, brillante, cegadora, pero cuando te giras
y ves tu sombra, es ahí donde te quisiera acompañar.
¿Cómo lo haces?, encontrar las palabras exactas.
Ya lo sé, están en el oído del que escucha.
Si algo le quedó claro contigo es que acercarse al sol
debe ser siempre en elipse y reorientando la cara expuesta.
¿Entre lo que quieres y lo que quiere, qué distancia hay?
El penúltimo paso es el más largo; el último, corto y veloz.
Salto, suspensión.
La puedes esperar en el banco de arena.
Una de aquellas caricias fue suya,
cargada con la sal de siete mares, no supiste cuál.
Arráncame la piel a silencios, porque no estás
y las palabras las tengo que poner todas yo.
Ya sea temporal o permanente, le puedes ir construyendo
 tu Arc de Triomphe.


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Supongo que es un problema, humano, el haber llegado a un punto
en el que todo lo simple me parezca una ironía.
Vivir no es algo estático, el vaivén hace
rebosar el agua antes de la última gota.
Busco algo, pensé que lo perdí, quizás nunca lo tuve.
Aunque a veces me levante una ceja, hace mucho que mi mente no se atreve
a decirme qué me tiene que gustar y qué no.
Relojes de arena, de agua, de fuego, todos ellos agotan algo.
Si existiera el de paciencia, calculo que podría morir entre la una y las tres.
La vida pierde credibilidad ante tanta falta de indicios,
no por eso voy a dejar de buscarlos.
Un sueño roto es una de las pocas cosas que no se pueden recomponer.
De ahí, ese gesto de cogerlo al vuelo cuando cae, un número limitado de veces.
Cuánto saqueó de mí la tormenta, 
cuánto le di después para que se llevara.
También en la mente, contrastes de frío y calor, 
casi puedo ver ya el efecto fata Morgana.
Nos pasamos la vida ajustando una y otra vez el papel de envolver.


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No más guisantes contra el muro, ni pis en un violín, ni palabras
cayendo en oídos sordos. Solo hablarles a las montañas, porque
triangular mi posición a través del eco, me devuelve cierta tranquilidad.
Qué poco vengativos son los árboles, deberían atravesarnos con sus ramas.
Los ríos se encargarían de limpiar el escenario del crimen.
Darle un puntapié y volvértela a encontrar es dotar de demasiado poder
a esa piedra inerte que ni siente ni padece.
Puede que todo sea un intrincado juego de contrapesos
que, definitivamente, nunca llegaremos a equilibrar.
¿Por qué no poseemos una temperatura de transformación fija?
¿Por qué somos tan opacos? Si somos cerca de un setenta por ciento de agua.
Nuestro castillo de naipes no fue hecho para ser admirado mucho tiempo.
Le añadiremos un par de cartas más, hasta verlo caer, ese es su destino.
Dime, quién se resistirá al toque humano, como nuevo metal precioso del futuro.
Todo acaba siendo mejor o peor, pero nunca igual a lo que habías imaginado.
Entre árboles amazónicos y vientos alisios, los hay que vuelan a dos km de altura
 y transportan incluso más agua del que llevan debajo. Ríos voladores.
Es un camino estrecho, pero no techado.


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Debería llegar el invierno, congelarnos las penas
y así poderlas sacudir, como pulgas de cristal.
Perdernos y encontrarnos a lo largo de nuestra vida
es ese juego del que tuvimos que inventar las reglas.
No hay espacio para un oasis en un reloj de arena.
Demasiadas preguntas sin respuesta
¿Por qué las bambas sin pies se pasean por debajo de la cama?
Esta mañana cayó el lado amable y el amenazador de la vida,
todo desperdigado por el suelo, espumadera, cuchillos, cucharas...
Vi en ellos mil experiencias, estruendo y silencio.
Los que miramos mucho al cielo tenemos conflictos irreconciliables con la tierra.
Siendo así, todos buscamos formas de acercarnos a él.
El mundo es una trampa y nosotros sus ratones.
Palabras inofensivas que, para la ocasión, son armas relativistas,
esas que te fulminan a la velocidad de la luz.
Todo el que tenga un corazón y haga uso de él
debería disponer del alejador de metralla de T. Stark.
La mayoría de los cajones en los que te meten,
aunque pretendan echar la llave, no son excluyentes.


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Vamos apagando fuegos aquí y allá, cuando en realidad somos
el combustible que los crea y su finitud.
Aguanta la respiración.
¿Acaso no llevamos todos nuestras corrientes internas
cuya cinta transportadora nos lleva desde las densas y frías aguas del Antártico
hasta los cálidos remolinos del Caribe
haciéndonos hundir y flotar en sus diferentes salinidades?
¿Te sorprende? No, somos lluvia de Ícaros.
Ay de esos pensamientos que te llevan a rincones helados
y no te dejan ni coger el abrigo, diremos que son cosas del clima.
Ocho disparos de bala, uno definitivo,
aunque todas las partes de tu cuerpo no mueren a la vez.
De un tiempo a esta parte, las fuerzas del vacío creando nuevas necesidades.
Entre el límite que tú crees y el real siempre hay unos cuantos km de distancia.
Eso sí, si los quieres recorrer, hay una barrera y la tienes que romper.
No estic plorant, només em regalimen
gotes mullades de tristor per la cara sense parar.
Siempre andamos comprando futuro,
hasta cuando llenamos la nevera,
como si ello nos garantizara no morir todavía.









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