Cada vez que pisaba esos tablones de madera vieja se me erizaba la piel. Veía en tus ojos el preludio del cielo encarnado y el telescopio aguardando: cráteres de la Luna en directo y Saturno atravesado por un palillo con sus anillos en transversal. Intuías que algo sería distinto aquel día, quizás que si pasabas el examen sobre el origen del universo, tendrías el trabajo hecho. Lo que ignorabas era que instantes después de ver a la enana blanca junto a la gigante roja, serías absorbido por la lente y con dicha ofrenda, la Tierra se habría salvado un año más.
miércoles, septiembre 03, 2025
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