Sí, llevaba dibujados unos hombrecillos verdes en la tira elástica de su ropa interior. De hecho, eran los encargados de mantener todo en su sitio, cada vez que una avalancha de tentadoras personalidades se acercaba a él. Pues, las que no buscaban su dinero, ansiaban otro tipo de favores.
Invariablemente habían funcionado a la perfección, hasta que un día apareció la mujercilla malva, tan diminuta como ellos. Les dejó una invitación para su fiesta en el barrio goma de encaje. Solo uno le sostuvo la mirada, justo el que se quedó sin ir. Más pronto que tarde, mujercilla malva huyó de la fiesta y fue a su encuentro. Sin llevar tal intención, aquello trascendió más allá de su vida y de su muerte. Resultó una experiencia que, sin ser divulgada en la Tierra, se hizo etérea y flotó por el universo durante un siglo de siglos.A la mañana siguiente todos volvieron a su lugar. De resaca, pero cumpliendo con su cometido, como los buenos guardianes de tesoros que siempre habían sido.
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