lunes, abril 01, 2024

En buenas manos

Diez de la noche, Juliette sale de la comisaría, se la ve cansada, tanto que cuando llega a casa olvida incluso cenar. El cuerpo siempre funciona priorizando sus necesidades más urgentes. Se desnuda y se enfunda su vieja camiseta de Kurt Cobain, esa que le regalaron diez años atrás, dos tallas más grandes. Se rinde sobre la cama. Su mente ultrarresponsable aún le hace comprobar el despertador antes de cerrar los ojos.

A las siete se levanta, totalmente renovada, toma una ducha y su desayuno de café con tostadas. La esperan en la agencia de publicidad, y es que hoy tienen una presentación para un cliente muy importante. Es un gigante del mundo audiovisual, así que si todo sale bien, conseguirán un contrato sumamente atractivo que salvará el estudio de diseño un año más. Ella confía en su propuesta, sus compañeros también. La conocen, saben que les hace sufrir lo que no está escrito, pues no se le ocurre nada hasta que el reloj parece que se acelera, y de entre los últimos granos de arena, le cae la manzana en la cabeza.

Comienzan la reunión, el ceo de la compañía no cabe en su asombro ante el hecho de que una pyme de diez trabajadores haya sido capaz de ganar los concursos de branding y estrategia de marca más importantes del año. Su secreto no es otro que el de tener a los seis mejores diseñadores del siglo XXI, que todavía no se creen que lo son, escondidos en ella. Le hacen una pregunta incómoda, se queda unos segundos en silencio, lo rompe con un brillante despliegue de argumentos que los deja anonadados. Todo está fluyendo a las mil maravillas, cuando a medio discurso comienza a vibrar el móvil. Para desconcierto de todos, se disculpa y sale a atender la llamada.

-Juliette, te necesitamos ahora, es urgente.
-Me temo que, al no tratarse de un trasplante de pulmón, puedo estar allí en un par de horas.

Y es que ser un “sombrero rojo” para la policía no es fácil. Ella venía de una familia disfuncional, y su mente más que brillante no la salvó de andar con amistades poco recomendables. En su etapa más insurgente, anduvo desafiando a cualquier tipo de institución, hasta que hace un par de años hizo un trato con ellos. Decidió tirar por el buen camino y destinar sus casi innatas habilidades de hacker, para ayudar en lugar de para destruir, y de paso esquivar cinco años de prisión.

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