Aquel día deseé ser aquella mujer. Él salía del rodaje, se metía en su coche. Ella le ajustaba el cuello de la camisa (dando por hecho que momentos más tarde se la quitaría). A continuación, le abrazaba.
Hoy por hoy, acepto
incontables veces que James esté como ausente, otras tantas lo mismo, pero sin
el cómo. Que a menudo prevalezca la opinión casi de cualquiera antes que la mía.
Que le duela, más que mis disparos, aquel estúpido comentario de quien ni sabe
que escribió en el NY Climbs antes de sacar su primer libro, ese que publicó y
no precisamente gracias a ser actor.
Aunque sí, cuando sale de
los rodajes, si tengo la gran suerte de poder aparcar mi vida y acompañarle,
entra en el coche, le ajusto el cuello de la camisa y le abrazo.
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