Locutor de radio:
Y como cada lunes, vamos a hablar de una experiencia UAP (Unidentified Aerial Phenomena) ocurrida a gente como tú y como yo, que nunca habíamos creído demasiado en estas cosas, hasta que lo vivimos en primera persona. Nuestra invitada, primero vio unas luces en el cielo, una especie de carrusel de luciérnagas que cada vez volaban más y más alto, hacían dibujos en el aire, se acercaban y se alejaban a gran velocidad.
Estos hechos sucedieron el pasado doce de julio, cerca del Pirineo oscense, sobre las once cuarenta de la noche, y decenas de testimonios se hicieron eco de ello inundando las redes. Sin embargo, no faltaron los más escépticos que los justificaban haciendo alusión a los drones y experimentos tecnológicos en desarrollo existentes hoy en día, que pudieran estar utilizando los cuerpos militares de las grandes potencias, o incluso empresas privadas que nada nos van a contar.
Rebeca, una chica a la que escucharemos en unos instantes vía telefónica, afirma que después de aquello recuerda un sueño profundo, despertar con dolor de cabeza y flashes de haber estado en el interior de lo que podría ser una especie de laboratorio, es decir, algún tipo de abducción. ¿Y cómo sabe que no fue una fantasía onírica? Pues dice que desde niña tiene un truco para saber si algo es real o no, y es sencillo, se pregunta ¿estoy soñando? Y la respuesta, que en este caso fue un rotundo no, no le deja, por lo general, lugar a dudas.
Rebeca:
Conocí a Pablo en las clases de guitarra, eran individuales y él entraba después de mí. A veces me retrasaba y bromeando me echaba la bronca. Siempre me decía: “estoy contando los minutos que me debes, cuando sumen treinta me tendrás que invitar a un café”. Y así llegó el día en cuestión, en el que empezamos a quedar y una cosa nos llevó a la otra. Con la tontería hicimos ya un año. Para celebrarlo, organizamos un fin de semana largo, de cuatro días, en una cabaña, pueblo perdido, cerca de Torla, sin móviles… Y todo genial, hasta que la tercera noche ocurrió aquello. Lo que contaste, vimos las luces, me dormí y desperté a la mañana siguiente con unos recuerdos muy extraños.
Yo solía escribir canciones, así que estaba acostumbrada a tener bastante consciencia de los sueños al despertar, pero aquello fue distinto. Sé que fue real. Lo que ocurre es que mi lado más racional no puede aceptar que algo así haya sucedido. Yo no creía en absoluto en estas experiencias, es más, siempre me había reído de ellas, con todo el respeto del mundo, eh, pero bueno, por dentro me partía el pecho. Lo peor fue notarme una pequeña herida en la cabeza, me picaba, y al tocarme me dolía. No recordé haberme dado ningún golpe. Pablo me dijo que no me preocupara, que podía haber sido perfectamente la picadura de un insecto.
Pablo:
Desde el minuto uno de conocer a Rebeca supe que nos llevaríamos bien. Tenemos algo en común, tratamos de ver siempre las cosas como si fuera la primera vez. Cuando crees que lo aprendiste todo de su persona, te dice: “sabes, yo una vez participé en un concurso de repostería y no lo gané, pero me lo pasé genial, y el descubrimiento de lo que una tarde azucarada puede darte no me lo quita nadie”. Yo ya he notado que la sacarosa no me sienta demasiado bien, así que le he dicho que soy más de salado. Además, le encanta escuchar mis historias de ficción. Bueno, en realidad, no puedo contarle la verdad, todavía no, pero sé que algún día lo haré. Cuando esté seguro de que no echará a correr. También creo que sé a lo que se refería con eso de que me quiere, estoy empezando a sentir lo mismo.
Además de absorber, cual sepiolita, la información de aquello que me rodea, mis neuronas espejo están preparadas para asimilar cualquier tipo de conducta, incluso sentir emociones, así que diría que no lo estoy haciendo tan mal y que todo está yendo sobre ruedas. Mi trabajo me costó ocultar la dieta que sigo a base de microalgas, proteína animal proveniente de insectos y cultivos celulares artificiales. En raras ocasiones, pescados y aves, es prácticamente lo único que tolero, debo recordarlo. Y es que ser de Marte y no poderlo contar, no es fácil.
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