domingo, abril 21, 2024

L' immortal

Sis del matí, pis del costat, ella dissimula davant la caldera, a la galeria. Ja està una altra vegada, aquesta forta olor a ferro. El veu buidar la seva motxilla al cistell de la roba bruta, entra a la seva caixa, tanca la tapa.

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Seis de la mañana, piso de al lado, ella disimula delante de la caldera, en la galería. Ya está otra vez ese fuerte olor a hierro. Le ve vaciar su mochila en el cesto de la ropa sucia, entra en su caja, cierra la tapa.

jueves, abril 18, 2024

El cuaderno bajo el fresno

Todo comenzó como quien prueba un sabor nuevo, se me desbordaba la mente y lo volqué. Me gustó y repetí. Hasta que un buen día, no lo podía creer, no fui yo, lo juro. Lo que empezó repleto de bondad, y sin comprender demasiado el porqué, viró hacia una inspiración proveniente de góticos relatos, plagados de abismos y venganzas.

La primera vez pensé, es casualidad. La segunda, me preocupé. Las siguientes, no daba crédito. Con cero intenciones, desperté a algún tipo de demonio y mis combinaciones de letras ganadoras plasmadas en papel comenzaron a hacerse realidad.

Todos esos crímenes no eran más que ingredientes bien calculados para saciar a los muchos lectores que se sentaban a la mesa. Que sí, que la crueldad no tenía olvido ni perdón en mis historias. Sin embargo, en una de ellas ocurrió que se equivocaban de hombre y el insano en cuestión quedaba impune. Solo quise demostrar que a veces no es lo que parece. Y así fue que me encontré, aquella mañana al ir a comprar el pan, un cartel que indicaba ‘cerrado por defunción’. Y no, no había sido el hornero.  

No hallé ningún modo de parar aquello, pensando obviamente que yo era el problema, llegué al drástico desenlace de relatar mi propia muerte y así terminar con la maldición. No obstante, alguien encontró, bajo el fresno, aquel cuaderno en el que todavía quedaban hojas en blanco sobre las que continuar derramando sangre.

*Fresno: árbol que contiene todas las fuerzas del firmamento que sus ramas obtienen de la luz y sus raíces transmiten a la tierra.

sábado, abril 13, 2024

En modo RAW

Me sumí en una repentina y continua oscuridad del todo desconocida para mí. Fue tras el accidente, una arteria cerebral quedó obstruida y perdí la visión. Acabé en una lista de espera de tres meses, en los cuales la luz no se apagó solo en mis ojos, sino también en mi ánimo. Caí en un pozo profundo y maloliente en el que únicamente podía llorar y dormir. Sí, dormir, porque al soñar podía ver de nuevo.

Al despertar me dijeron: cuando quieras conservar un instante, parpadeas dos veces. Si, por el contrario, lo quieres eliminar, cierras los ojos cinco segundos. Pues me estoy volviendo loca buscando las instrucciones, porque algo salió mal. El caso es que al verle le besé y lo fastidié todo, no abrí los ojos a tiempo. Aunque no encuentre ese recuerdo, sé que lo hice. Entonces lo descubrí, lo que borro sigue ahí, en el inconsciente. Cada parte de mí contiene su propia memoria individual. Así voy yo por la vida, desde la operación de retina del dos mil setenta y cuatro, con mis dos microcámaras incorporadas.

jueves, abril 11, 2024

Zoisita azul

Escogió el metro para llegar a la estación, pues lo consideraba más fiable que el tráfico de primera hora de la mañana. Iba con relativamente tiempo de sobra, hasta que una joven pareja de turistas le preguntó cómo llegar al teleférico de Montjuïc. Tenían un acento británico que casaba a la perfección con el suyo de Girona, el cual en esta ocasión no se esforzó en disimular. Aun así, se mostraron del todo agradecidos por la ayuda recibida.

Tren de largo recorrido (sin lobos a la vista), a dos minutos de salir, corría con la maleta, la mochila y la chaqueta. Tras tropezar, se apresuró a recoger su bolígrafo grabadora del suelo antes de que pudiera hacerlo cualquier otro transeúnte. Si además se hubiera parado a estornudar, ya no hubiera llegado a tiempo, sin embargo, llegó. A su lado no iba nadie, “ideal” pensó ella, el día le debía horas de sueño. Se acomodó en el asiento de ventanilla utilizando su jersey malva de cashmere a modo de almohada.

Al llegar a Montpellier un pasajero se sentó a su lado, la vio medio dormida y fue cuidadoso de no molestarla. No obstante, lo que despertó a Isabelle fue su agradable olor acuático, se enderezó y cogió un libro. Él conectó sus auriculares. De pronto ella agudizó el oído y reconoció la melodía, Vienna de Billy Joel, no pudo evitar mirarle fijamente unos instantes. Él se percató, ella desvió la mirada y sonrió. Minutos más tarde, él reparó en lo que ella estaba leyendo, Una vida en venta de Yukio Mishima, y le ocurrió lo mismo.

Acabaron en el vagón restaurante descubriendo dónde fue que en realidad se vieron por primera vez, sucedió en aquella misión secreta, en Berlín. Ella desmanteló la compleja red de tráfico de tanzanita más importante del país. Él salvó el botín del baño ultrasónico que lo hubiera echado a perder. Pero Gael la dio a ella por eliminada, así que se alegró infinito de ver que había seguido arañándole años a su destino. Como no podía ser de otra manera, se despidieron tomando direcciones opuestas.

Justo un año después volvieron a coincidir, en Florencia. Para entonces, comprendieron que no podían ignorarse de nuevo. Desaparecieron del mapa siete días con sus siete noches, para después regresar. Se debían a una causa mayor e ineludible, la profesión que habían elegido, o más bien, la que les había elegido a ellos. La que no podrían jamás dejar atrás, la que les había enseñado a enfrentar a la muerte en un tira y afloja en el que estaba claro quién iba a ganar.

lunes, abril 01, 2024

En buenas manos

Diez de la noche, Juliette sale de la comisaría, se la ve cansada, tanto que cuando llega a casa olvida incluso cenar. El cuerpo siempre funciona priorizando sus necesidades más urgentes. Se desnuda y se enfunda su vieja camiseta de Kurt Cobain, esa que le regalaron diez años atrás, dos tallas más grandes. Se rinde sobre la cama. Su mente ultrarresponsable aún le hace comprobar el despertador antes de cerrar los ojos.

A las siete se levanta, totalmente renovada, toma una ducha y su desayuno de café con tostadas. La esperan en la agencia de publicidad, y es que hoy tienen una presentación para un cliente muy importante. Es un gigante del mundo audiovisual, así que si todo sale bien, conseguirán un contrato sumamente atractivo que salvará el estudio de diseño un año más. Ella confía en su propuesta, sus compañeros también. La conocen, saben que les hace sufrir lo que no está escrito, pues no se le ocurre nada hasta que el reloj parece que se acelera, y de entre los últimos granos de arena, le cae la manzana en la cabeza.

Comienzan la reunión, el ceo de la compañía no cabe en su asombro ante el hecho de que una pyme de diez trabajadores haya sido capaz de ganar los concursos de branding y estrategia de marca más importantes del año. Su secreto no es otro que el de tener a los seis mejores diseñadores del siglo XXI, que todavía no se creen que lo son, escondidos en ella. Le hacen una pregunta incómoda, se queda unos segundos en silencio, lo rompe con un brillante despliegue de argumentos que los deja anonadados. Todo está fluyendo a las mil maravillas, cuando a medio discurso comienza a vibrar el móvil. Para desconcierto de todos, se disculpa y sale a atender la llamada.

-Juliette, te necesitamos ahora, es urgente.
-Me temo que, al no tratarse de un trasplante de pulmón, puedo estar allí en un par de horas.

Y es que ser un “sombrero rojo” para la policía no es fácil. Ella venía de una familia disfuncional, y su mente más que brillante no la salvó de andar con amistades poco recomendables. En su etapa más insurgente, anduvo desafiando a cualquier tipo de institución, hasta que hace un par de años hizo un trato con ellos. Decidió tirar por el buen camino y destinar sus casi innatas habilidades de hacker, para ayudar en lugar de para destruir, y de paso esquivar cinco años de prisión.